miércoles, 2 de octubre de 2013

Manual para (no) pagar impuestos. Por Saúl López Noriega.

Categoría: En los Medios

La tribu fiscalista

Entro a un pomposo restaurante de Polanco. Uno de esos lugares donde lo menos relevante es la sazón de los platillos. Antes está una decoración pretenciosa, un trato barroco del personal, una enciclopédica carta de vinos, un menú fanfarrón con vocablos en francés e italiano… Un aparador, pues, de la fastuosidad. El mesero me dirige a un privado. Ese fue el acuerdo con la persona que iba a entrevistar: reunirnos en el lugar que él eligiese, donde pudiéramos explayarnos sin temor a que alguien nos escuchara. 

Después de unos minutos de retraso, se presenta el abogado con su uniforme de trabajo: traje de las mejores marcas, brillantes mancuernillas, fina corbata, cinturón y un par de zapatos que ostentosamente lucen sus marcas, así como una pluma y reloj cuya función principal no es dar la hora ni ayudar a escribir. Sonriente, se sienta, me saluda de manera amigable, pero sin dejar de recordar un punto clave del trato —y que se tendría que pactar con el resto de los entrevistados1—: “te platico este rollo, pero ni mi nombre ni el de mi despacho pueden publicarse”. La conversación, a partir de ahí, gira alrededor de cuestiones mundanas, triviales… indispensables para crear una atmósfera de confianza. Al concluir los alimentos, sin embargo, y pasar a la sobremesa, inicia un viaje alucinante por los entresijos del sistema fiscal mexicano: corrupción, poder político, tráfico de influencias, complejas estrategias contables, osadas batallas litigiosas. Fue la primera de varias pláticas, gracias al afán de este abogado por contar sus aventuras, de recibir su merecido reconocimiento por su genialidad. 

Justo este es el punto de partida para entender la falta de pago de impuestos en nuestro país. Detrás de esa casaca de frivolidad de estos personajes, que también te pueden citar en un lujoso mezzanine de Santa Fe o en un esnob café de San Ángel y que a la menor oportunidad te presumen sus conquistas amorosas y caprichos consumistas, existe una elite de abogados y contadores altamente especializada. Los cuales cuentan con una enorme inteligencia, disciplina e imaginación para diseccionar las más complejas piezas del andamiaje fiscal. En sus despachos, como parte de su rutina, estudian las nuevas figuras fiscales del país y del resto del mundo; organizan seminarios de actualización de los últimos criterios administrativos y judiciales; discuten a partir de visiones multidisciplinarias el diseño de los esquemas fiscales más sofisticados e, inclusive, registran el desempeño de jueces y funcionarios administrativos con el propósito de detectar los puntos débiles de la cadena cobro, auditoría y litigio… ¡El moneyball del deporte fiscal! Se trata de un puñado de abogados y contadores con una amplísima batería de habilidades. Es la tribu fiscalista: los encargados de dirigir la industria del no pago de impuestos. Un enemigo no menor para la autoridad.

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